
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Extraño...

Extraño aquella nave espacial
que me llevaba y traia
con deseos de no regresar
tal y como pudiera ser.
Extraño el anonimato de los atardeceres rojos
que le dieron sentido al sin sentido
de respirar los huesos y pulmones.
Extrañas aquella celula con cerebros
y un nuevo mundo sin intereses monetarios.
Echo de menos aquel dulzor
con costumbres blancas,
un hombre con garra, ímpetu consciente
y agua de labios.
Echamos de menos un aire de versos,
un sitio que le dé sentido al lugar donde es
Mi delirio sobre el Chimborazo
Yo venía envuelto en el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt seguílas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador del los Andes. Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? Sí podré! Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo.
Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.
De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…
«Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano».
Sobrecogido de un terror sagrado, «¿cómo, ¡oh Tiempo! —respondí— no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».
«Observa —me dijo—, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres».
La fantasma desapareció.
Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.
Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.
De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…
«Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano».
Sobrecogido de un terror sagrado, «¿cómo, ¡oh Tiempo! —respondí— no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».
«Observa —me dijo—, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres».
La fantasma desapareció.
Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.
Simón Bolívar
Rodeos

Ya hice todos los crucigramas
leí todos los libros
oí todos los discos
pensé en todos los riesgos
construí hipótesis
-y se destruyeron al instante-
medí todas las variables
-y no me dan números redondos-
Y a la única proto-hipótesis
a la que arribo
(teniendo en cuenta crucigramas, libros, discos
riesgos, hipótesis y variables)
es que quiero estar contigo,
y no dar más vueltas.
Relojes y Anillos

Que puedo hacer
me gustan los anillos
entrelazan, marcan
crean territorios
Un anillo en el
dedo adecuado
Y usado
por partida doble
marca y demuestra
Que están…
También me gusta
el tiempo
los cronómetros,
el hecho de pensar
en donde estoy,
y que hago
Y buscar brújula
para ubicarse
En lapso y espacio
Y ver el tictac…
Me hacen pensarte
y que me pienses
en un reloj
anillo
estoy estas.
Se Reserva el Derecho de Admisión

Hoy decidí reservar la entrada de alimañas a mi alma
Hoy decido no mirarte, ni escucharte,
Ni sentir tu respiración en mí espalda
Hoy decido ni acordarme de ti
Prohibida la entrada de rastreros
y engañosas luciérnagas
Disfrazadas de luminosas, cucarachas iluminadas
De triste huecos… huecas
De frustradas contratadas, para uno que otro servicio
De espías, traidoras
De pobres almas pobres, que enseñan su miseria
Como si fuéramos tan amarillistas todos
Pobre alma, curtida de dolor
De frustración frustrada
De soledades, sin concurrencia
Perdedora, sola y dejada
Hoy me compadezco de ti
Tan pequeña
Tan vieja
Tan arrugada
Tan manchada
Tan sola
Sin hijos, sin hogar, sin gritos… sin nada
Se acaba la inmundicia. Hoy se reserva el derecho de admisión.
Hoy decido no mirarte, ni escucharte,
Ni sentir tu respiración en mí espalda
Hoy decido ni acordarme de ti
Prohibida la entrada de rastreros
y engañosas luciérnagas
Disfrazadas de luminosas, cucarachas iluminadas
De triste huecos… huecas
De frustradas contratadas, para uno que otro servicio
De espías, traidoras
De pobres almas pobres, que enseñan su miseria
Como si fuéramos tan amarillistas todos
Pobre alma, curtida de dolor
De frustración frustrada
De soledades, sin concurrencia
Perdedora, sola y dejada
Hoy me compadezco de ti
Tan pequeña
Tan vieja
Tan arrugada
Tan manchada
Tan sola
Sin hijos, sin hogar, sin gritos… sin nada
Se acaba la inmundicia. Hoy se reserva el derecho de admisión.
En Estricto Sentido

Soy la intermitente asfixia,la interminable ausencia del lenguaje.
Soy el inacabado intérpretede tatuajes ajenos.
No hay oráculo alguno, ni augurioque pueda otorgarte
el acceso a mis palabras ni aun a mi propia vida.
No calmes este amor que no perdona,
No ruegues al destino que interfiera.
Y sigo a lo lejos,Inmóvil,
a la esperade quien descifre mi alma
a tiempo antes que el pálido ahogo
recubra de azul mis venas.
En estricto sentido no debería decirte que te quiero,
uando hemos peleado hasta el cansancio
Que te odio, tal vez.(Pero no estoy seguro qué tan cierto)
En estricto sentido debería no decirte que me muero,
que el Alzheimer,
que el infarto que estoy muerto,
que estoy harto
Tal vez no tiene sentido ser estricto
a estas alturas del camino
Tal vez el orgullo es un estorbo.
Una pena.
Una lástima....
En estricto sentido debería decirte que te quiero
martes, 2 de septiembre de 2008
Ella
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