
Conversando con una compañera de trabajo trataba de justificar las actitudes de personas queridas de nuestro entorno, familiares, amigos, compañeros de trabajo, la pareja y hasta nosotros mismos. Reflexioné sobre el bacalao, si, ese bacalao al hombro que muchos llevan. Cuantas veces no hemos escuchado; “pobrecito el es violento, porque proviene de una familia igual porque su mamá le pego mucho, porque tiene mucha rabia reprimida” o “pobrecita es que ella se emborracha porque tiene miedo, porque es débil, porque no se adapta, es que su mama era evasiva también… o su papa”.
¡Ya basta, soltemos ese bacalao! Somos responsables de nuestros actos y no podemos justificarnos con el pasado, o con el dicho “Mira al hombre y la cueva de donde viene”, por Dios!, pueden dos hombres venir exactamente de la misma cueva y tener distintos destinos, somos los forjadores del mismo, no depende de la suerte, no busquemos la lastima, la ira, la autocompasión, para subsistir, ya este mundo tiene una suerte de subterfugios que sondear para también echarle la culpa al bacalao de nuestros ancestros.
Hace poco murió Michael Jackson, y todavía lloramos y sufrimos de su suerte de niño abusado, su pobre bacalao hediondo y podrido que cargó durante toda la vida… pobrecito su papa abuso de el, lo explotó, no le permitió vivir su niñez. Murió con su bacalao y se pudre con el, era el Rey del Pop, tenia un oído excepcional, fue el mejor, pero no, el cargaba su bacalao, como el tipo de emulsión de Scott, ¿será que nos ocupamos más en ver el bacalao que al hombre?
Esto me hacer recordar que estando en una charla religiosa escuche como el ministro contaba a manera de anécdota como se torturaba a los antiguos cristianos, técnica también utilizada en épocas de dictadura en nuestro país. Se tomaba a un preso (o mártir) y le ataban un muerto a la cintura, este tipo de tortura conseguía que todos murieran, algunos de locos, otros se enfermaban, ya que el muerto (como muerto al fin se descompone) e indudablemente aquí se cumple el dicho que una manzana podrida (o un muerto) pudre a los demás.
Dejemos de cargar al muerto bacalao, digámosle adiós, es solo eso, un muerto bacalao, un pescado fétido sin vida, se llame papá, mamá, hijos, trauma, me duele, me da rabia. Ya paso, no existe, quedo en la cueva donde no has de volver a mirar. Solo se halla este presente perfecto, este teclear, o este leer, este aquí y ahora. Me despojo de mi bacalao, y le digo adiós, para nunca más volver.